TE VOY A CONTAR MI

historia

Y cómo pasé de tener una terrible relación con la comida a aceptarme, entender mi relación con el azúcar, quererme y ser mi mejor compañera de vida, disfrutando un nuevo estilo de vida. 
Y cómo, gracias a ello, ahora ayudo a otras personas a recuperar ese amor y esa relación con uno mismo para poder liberarse y ser feliz. 

hola! soy caro silva

Mejoro la salud de las personas con problemas de azúcar, para recuperar su energía, autoestima y sobre todo puedan recobrar su futuro, disfrutar al máximo sus vidas y cumplir sus sueños.

Me gusta describirme como la eterna aprendiz. Aunque prefiero que lo hagan los demás. Dicen de mí que soy una mujer muy generosa, perseverante (algunos aseguran que demasiado), empática, saludable, apasionada en lo que hago y muy comprometida.

En el 2009, me gradué del magíster de psicología clínica.  Comencé a vivir un periodo que denomino “transformación”, por el nivel de dificultades que sorteé y me llevaron donde hoy me encuentro.
Iniciaba mi carrera laboral, cursaba un diplomado que me mantenía ocupada gran parte de mis semanas, me iba de casa de mis padres para independizarme, y cerraba 5 años de noviazgo con alguien con el que ya no tenía intereses en común.

Al poco tiempo, comencé a vivir una relación con una persona de manera inestable (por no decir tormentosa) y la estaba pasando muy mal pues en medio de aquella locura, enfermaba una y otra vez.

Me la pasaba de un resfrío a otro, así que un día me fui a ver a mi médico de cabecera. Luego de revisar mis resultados llegó el terrible anuncio:  “Caro, tienes resistencia a la insulina”. ¡Chan!




Recuerdo lo primero que pensé fue en mi abuela. Sabía que por ella tenía herencia genética, pues padecía de diabetes. Aunque procuraba alimentarme bien (según mis conocimientos de aquel entonces) realmente me aterraba llegar a esa enfermedad. 

Vi cómo le fue afectando a lo largo de los años, y no quería vivir lo mismo para mí. 
Evitaría a toda costa ser esclava de una pastilla con el miedo constante de alguna vez perder una parte de mi cuerpo, sufrir de dolores o problemas eternos de salud. 

Recuerdo ese miedo como si fuera ayer. 

ESE DÍA FUE UN ANTES Y UN DESPUÉS. 

Mi doctor me dio la siguiente opción:



“Caro o renuevas tus hábitos, comes saludable y haces ejercicio, o tomas pastillas de por vida de manera inmediata”

Estaba en un punto de quiebre, podía escoger aún. Por supuesto, escogí la primera opción.

Pero cometí un error…



Asumí que comer más saludable significaba cambiar alimentos procesados, por ingredientes de alimentos considerados como saludable y listo. No funciona así.

Fui a cuanta nutricionista te puedas imaginar, veganas, no veganas, famosas y no famosas. Al final, lograba bajar de peso, pero volvía a ganarlo con el tiempo y el indicador de salud no se movía. Luego hice el cambio hacia nutriólogos, pero el resultado fue exactamente el mismo.

En paralelo a esto, mi relación tortuosa iba y venía, una y otra vez.
Por supuesto que eso no me ayudaba en nada, sentía la autoestima por el suelo, y aunque siempre me he considerado positiva, en ese momento era difícil mantener buen ánimo.

Para todo el mundo a mi alrededor estaba bien, pero en el fondo estaba completamente sola. Fue una época de estrés, tristeza y lágrimas.

INTENTÉ CAMBIAR MI EXTERIOR

Estaba caminando en círculos, tirándome a un pozo con barro en el que me revolcaba y no “podía” salir. Dependía de mí el creerme capaz de mantenerme en calma para sostenerlo en el tiempo.
El problema no estaba en la gente que me rodeaba. Estaba en mí. 

DEBÍA HACERME CARGO DE MI SITUACIÓN

Comencé a estudiar por mi cuenta todo cuanto pude sobre alimentación y nutrición, y realicé paso a paso los cambios que tenía que hacer.
Terminé esa relación tortuosa manteniéndome firme en ello. Logré mantener por varios meses una vida tranquila, feliz y de autocuidado que finalmente derivaron en algo maravilloso.
Me hice los exámenes… ¿y adivina qué?


YA NO TENÍA MÁS RESISTENCIA A LA INSULINA. 

Emprendí un camino de auto descubrimiento que me cambiaría la vida. Buscando en lo más profundo de mí, descubrí que mi forma de comer, era también un reflejo de cómo me relacionaba conmigo misma, con la vida y mis emociones.

Logré hacer las paces con mi cuerpo. Fui capaz de perder los kilos que cargaba en mi mochila, esos que realmente me pesaban y los que me suponían un problema. Me sentí liberada. Me redescubrí a mí misma desde una mirada amorosa y compasiva.

Ha sido un camino duro, pero te aseguro que ha merecido la pena. A día de hoy no lo cambiaría por nada. Me siento una mujer nueva y libre, me he desecho del peso que verdaderamente necesitaba perder, tanto físico como emocional.

ME PREPARÉ

Creé “feliz sin azúcar” en el año 2017 queriendo compartir estas buenas prácticas, pero intuyendo que quería hacer algo más grande en el futuro. A principios del 2019 tomé la decisión de inscribirme en el Institute for Integrative Nutrition (IIN) de Nueva York, para certificarme como Health Coach y complementar con mis estudios de psicología.
Me hizo sentido ayudar a las mujeres de manera completa, tal como yo lo había vivido conmigo.


ESTA ES MI HISTORIA DE TRANSFORMACIÓN Y DE MIS EMOCIONES

Gracias a esta experiencia, a mis vivencias y formación al día de hoy, puedo ayudar a otras personas a llegar a esta liberación.
Puedo entenderte mejor que nadie, he pasado por todas las etapas del proceso y puedo asegurarte que detrás de querer estar delgada o de una mala relación con la comida, hay otros pesos de los que debes liberarte.
Busquemos más en tu interior y sanemos el foco del problema.


hola! soy caro silva

Mejoro la salud de las personas con problemas de azúcar, para recuperar su energía, autoestima y sobre todo puedan recobrar su futuro, disfrutar al máximo sus vidas y cumplir sus sueños.

Me gusta describirme como la eterna aprendiz. Aunque prefiero que lo hagan los demás. Dicen de mí que soy una mujer muy generosa, perseverante (algunos aseguran que demasiado), empática, saludable, apasionada en lo que hago y muy comprometida.

En el 2009, me gradué del magíster de psicología clínica.  Comencé a vivir un periodo que denomino “transformación”, por el nivel de dificultades que sorteé y me llevaron donde hoy me encuentro.
Iniciaba mi carrera laboral, cursaba un diplomado que me mantenía ocupada gran parte de mis semanas, me iba de casa de mis padres para independizarme, y cerraba 5 años de noviazgo con alguien con el que ya no tenía intereses en común.

Al poco tiempo, comencé a vivir una relación con una persona de manera inestable (por no decir tormentosa) y la estaba pasando muy mal pues en medio de aquella locura, enfermaba una y otra vez.

Me la pasaba de un resfrío a otro, así que un día me fui a ver a mi médico de cabecera. Luego de revisar mis resultados llegó el terrible anuncio:  “Caro, tienes resistencia a la insulina”. ¡Chan!




Recuerdo lo primero que pensé fue en mi abuela. Sabía que por ella tenía herencia genética, pues padecía de diabetes. Aunque procuraba alimentarme bien (según mis conocimientos de aquel entonces) realmente me aterraba llegar a esa enfermedad. 

Vi cómo le fue afectando a lo largo de los años, y no quería vivir lo mismo para mí. 
Evitaría a toda costa ser esclava de una pastilla con el miedo constante de alguna vez perder una parte de mi cuerpo, sufrir de dolores o problemas eternos de salud. 

Recuerdo ese miedo como si fuera ayer. 

ESE DÍA FUE UN ANTES Y UN DESPUÉS. 

Mi doctor me dio la siguiente opción:



“Caro o renuevas tus hábitos, comes saludable y haces ejercicio, o tomas pastillas de por vida de manera inmediata”

Estaba en un punto de quiebre, podía escoger aún. Por supuesto, escogí la primera opción.

Pero cometí un error…



Asumí que comer más saludable significaba cambiar alimentos procesados, por ingredientes de alimentos considerados como saludable y listo. No funciona así.

Fui a cuanta nutricionista te puedas imaginar, veganas, no veganas, famosas y no famosas. Al final, lograba bajar de peso, pero volvía a ganarlo con el tiempo y el indicador de salud no se movía. Luego hice el cambio hacia nutriólogos, pero el resultado fue exactamente el mismo.

En paralelo a esto, mi relación tortuosa iba y venía, una y otra vez.
Por supuesto que eso no me ayudaba en nada, sentía la autoestima por el suelo, y aunque siempre me he considerado positiva, en ese momento era difícil mantener buen ánimo.

Para todo el mundo a mi alrededor estaba bien, pero en el fondo estaba completamente sola. Fue una época de estrés, tristeza y lágrimas.

INTENTÉ CAMBIAR MI EXTERIOR

Estaba caminando en círculos, tirándome a un pozo con barro en el que me revolcaba y no “podía” salir. Dependía de mí el creerme capaz de mantenerme en calma para sostenerlo en el tiempo.
El problema no estaba en la gente que me rodeaba. Estaba en mí. 

DEBÍA HACERME CARGO DE MI SITUACIÓN

Comencé a estudiar por mi cuenta todo cuanto pude sobre alimentación y nutrición, y realicé paso a paso los cambios que tenía que hacer.
Terminé esa relación tortuosa manteniéndome firme en ello. Logré mantener por varios meses una vida tranquila, feliz y de autocuidado que finalmente derivaron en algo maravilloso.
Me hice los exámenes… ¿y adivina qué?


YA NO TENÍA MÁS RESISTENCIA A LA INSULINA. 

Emprendí un camino de auto descubrimiento que me cambiaría la vida. Buscando en lo más profundo de mí, descubrí que mi forma de comer, era también un reflejo de cómo me relacionaba conmigo misma, con la vida y mis emociones.

Logré hacer las paces con mi cuerpo. Fui capaz de perder los kilos que cargaba en mi mochila, esos que realmente me pesaban y los que me suponían un problema. Me sentí liberada. Me redescubrí a mí misma desde una mirada amorosa y compasiva.

Ha sido un camino duro, pero te aseguro que ha merecido la pena. A día de hoy no lo cambiaría por nada. Me siento una mujer nueva y libre, me he desecho del peso que verdaderamente necesitaba perder, tanto físico como emocional.

ME PREPARÉ

Creé “feliz sin azúcar” en el año 2017 queriendo compartir estas buenas prácticas, pero intuyendo que quería hacer algo más grande en el futuro. A principios del 2019 tomé la decisión de inscribirme en el Institute for Integrative Nutrition (IIN) de Nueva York, para certificarme como Health Coach y complementar con mis estudios de psicología.
Me hizo sentido ayudar a las mujeres de manera completa, tal como yo lo había vivido conmigo.


ESTA ES MI HISTORIA DE TRANSFORMACIÓN Y DE MIS EMOCIONES

Gracias a esta experiencia, a mis vivencias y formación al día de hoy, puedo ayudar a otras personas a llegar a esta liberación.
Puedo entenderte mejor que nadie, he pasado por todas las etapas del proceso y puedo asegurarte que detrás de querer estar delgada o de una mala relación con la comida, hay otros pesos de los que debes liberarte.
Busquemos más en tu interior y sanemos el foco del problema.


¿por qué trabajar conmigo?

Porque es difícil que encuentres en el mercado profesionales preparados en las tres áreas en específico:

La psicología, alimentación y los diagnosticados con resistencia a la insulina.

Todo, fruto de mi experiencia personal y de mi amplia y continua formación, ahora te ofrezco un conjunto de técnicas y herramientas potentes y efectivas.

QUIERO TRABAJAR CONTIGO CARO

¿qué ganarás?

Conectar: Reconectarás con tu cuerpo.

Aprender: Aprenderás a reconocer las señales físicas de hambre y saciedad para saber cuándo empezar a comer y cuándo parar.

Disfrutar: Comer sin culpa y disfrutando plenamente de la comida sin azúcar. ¡No es la única manera de comer!

Gestionar: Aprenderás a gestionar el comer emocional, los atracones y la ansiedad por la comida. Aprenderás a responder en lugar de reaccionar.

A cuidarte: Aprenderás a cuidarte sin dietas.

Ganarás mayor autoestima, seguridad y vivir de manera balanceada y feliz.

Y SI QUIERES UNA VERDADERA TRANSFORMACIÓN…

Lo mejor y más seguro es elegir una compañera experimentada para este viaje. Puedes hacer el proceso de transformación con mi ayuda.

quiero mi sesión