SOBRE CAMBIAR Y LA FAMOSA ZONA DE CONFORT

Muchas veces escucho de mis pacientes que quieren hacer un cambio en sus vidas, pero no les resulta “Porque no tengo fuerza de voluntad”. Pero yo sé que no se trata de eso.

Hablemos sobre cambiar, algo que tanto anhelamos y tanto vemos que cuesta.

Muchas veces pensamos que el problema es una, que no tiene fuerza de voluntad o la persistencia necesaria para conseguir eso que hace tanto tiempo deseamos (esos kilos menos, cambiar la alimentación, hacer deporte más seguido) o pensamos también que está en el método que ocupamos… no me funcionó esta dieta, así que pruebo esta otra. No me funcionó ir a este nutricionista, así que voy a este otro que me recomendaron… no me funcionaron todos los nutricionistas que fuí y entonces a lo mejor lo que me queda es operarme… todos esos son métodos, estrategias diferentes para acercarte a un resultado.

Pero quiero que lo veas de la siguiente forma. Regularmente, no se trata del QUÉ estás haciendo (no de tu “fuerza de voluntad”, ni de tus dietas, ejercicios, operaciones), sino del CÓMO lo estás haciendo

¿Te ha pasado que vas “como avión” (muy entusiasmada) y luego no sabes cómo regresaste a la situación en la que estabas al principio?

Eso es porque por más que plantes una o mil semillas fértiles, si las pones en un terreno incorrecto, no van a dar frutos. 

Por ejemplo, si no entiendes bien porqué haces lo que haces, que te ha llevado al resultado en el que estás hoy, y sobre todo, si ves el cambio como algo difícil o que incluso no te gusta pero “estas obligada y sientes que tienes qué hacerlo”: has estado plantando la semilla en un terreno incorrecto. No es la semilla, es el terreno. No es la dieta, es el cómo la estás haciendo.

Lo comprenderás mejor a través de lo siguiente:  ¿Qué es la zona de confort y cómo se relaciona con cambiar?

La zona de confort se refiere a una situación de vida en la cual una persona puede no sentirse completamente feliz, pero se mantiene ahí, porque le acomoda continuar con la misma rutina de siempre, con lo conocido, sin asumir riesgos, ni cambios. Sin embargo, eso implica que tampoco crece personal, ni profesionalmente. 

¿Por qué se mantiene la persona ahí, si no está feliz?

Lo que se dice entonces, es que para generar un cambio, la persona debe salir de esta zona de confort, atravesando primero la zona de miedo (dudas, excusas, falta de confianza, incertidumbre, opiniones de los demás), para luego atravesar la zona de aprendizaje (que es donde te enfrentas a nuevos desafíos y a desarrollar nuevas habilidades), para finalmente llegar a una zona de crecimiento, que es cuando ya se ha producido una evolución, un cambio. Todo ese trabajo, energía, esfuerzo y crecimiento interior, para lograr un objetivo.

¿Quién estaría dispuesta a hacerlo?

Muchas veces, especialmente cuando lo vemos en los demás, pensamos que una persona que dice que quiere cambiar y no cambia, es porque realmente no quiere o “está cómoda” como está (al menos más cómoda que cambiar). Que le falta motivación, ganas, energía, entre otros.

Pero no. Y si lo ves en ti misma ahí sí lo notas con mayor claridad. Quieres hacer un cambio, pero no entiendes claramente porqué no lo logras. No es falta de ganas.

La zona de confort, es decir, dónde estoy hoy, no es una zona cómoda, desde mi punto de vista. Para quien se encuentra actualmente lidiando con alguna enfermedad, asustada por que esta situación se le descontrole y empeore, no está en una zona cómoda y sí podría contar con bastantes ganas y motivadores para cambiar.

Pero, efectivamente, moverse hacia una nueva zona, expandir tu campo de acción, atravesar el miedo, la incertidumbre y generar el cambio, podría ser aún más incómodo tal vez… dependiendo de cómo lo quieras mirar.

Según mi mirada, el cambio se hace efectivo no solo cuando entiendes -mentalmente- que si sigues haciendo lo mismo, todo seguirá igual. El cambio sucede cuando lo entiendes y *lo sientes* tan fuerte dentro de ti, que te lleva a la acción, sin mirar atrás. Entonces, lo que hay que hacer para cambiar deja de ser un gran esfuerzo, si no que se vuelve una manera actualizada de ver tu vida, una forma de ser diferente, algo que ya no puede ser de otra manera. La nueva zona de cambio no es más incómoda que la anterior, porque te lleva hacia donde realmente hoy te hace sentido, hacia donde quieres y te mantiene más cómoda, entusiasmada y motivada que antes. 

Voy a intentar esclarecer con un ejemplo metafórico: Es como cuando quieres viajar. Sueñas con ir a algún lugar en particular, inventemos que quieres ir a Francia, y entonces sueñas con estar ahí, sin embargo, aquí dónde estás hoy, aunque no te gusta tanto, te mantiene “bien”. Por lo tanto, puedes mantenerte aquí, donde hoy estas, porque nada te presiona o apresura a viajar y sabes que eventualmente algún día lo harás. Puede esperar.

Todo cambia cuando se vuelve una urgencia. Supongamos que ese estado de calma y comodidad de estar aquí, se vuelve insostenible. Imagina que algo pasó, y entonces ya no quieres estar aquí, supongamos que todos tus seres queridos se fueron a vivir a Francia y no te quedan amigos tampoco en esta ciudad, y el trabajo que tienes no te hace sentido. Es ahí, en el momento en que te das cuenta que ya no puedes seguir aquí, que de verdad sientes que nada te ata, y que todas las oportunidades de tu vida ya no son aquí, si no que están allá, en París, entonces todo el esfuerzo que implica gestionar la compra del pasaje, pagar por él, hacer las maletas, y viajar para comenzar una nueva vida en ese nuevo lugar, no es un esfuerzo, es un deseo, una alegría y un sueño hecho realidad. Casi una necesidad, incluso aunque tengas que partir de cero. La urgencia llega y quedarse aquí ya no es una posibilidad.

Si verdad? Entonces el cambio toma sentido y se alinea con todo tu ser.

Ahora, llévalo a tu vida:

Ahora, este mismo ejemplo, llévalo a diferentes aristas de tu vida. Supongamos que tienes obesidad o alguna enfermedad de riesgo, como la resistencia a la insulina. Sabes y quieres hacer un cambio, por tu salud. Pero resulta que en realidad, tu vida funciona bien hasta ahora como está, tienes tus amigos, tu familia que te quiere, un buen trabajo y -de no ser por este grillito de la salud que te dice que tienes que hacer algo- está todo “bien”. No hay urgencia, no hay necesidad. Quieres hacerlo, es algo deseable y probablemente has intentado algunas cosas… pero si no has sentido la urgencia, si no ves ese cambio como una necesidad imperiosa, como un lugar deseable del que no puedes NO estar ahí, y al contrario, sentir que donde estas hoy ya no es más un lugar cómodo, sentir la incomodidad de estar ahí, sentir que ya no puedes permanecer… no será hasta que eso pase, que será efectivo generar el cambio para ti.

Hazlo en casa: Si quieres hacer un cambio, pregúntate y responde con brutal sinceridad: ¿Qué tan cómoda estás dónde estás hoy? ¿Qué tan dispuesta estás para lograr ser esa nueva versión de ti más feliz y saludable?

¡Si quieres hacer un cambio, hoy es el mejor día para comenzar!

Un abrazo.

Caro.

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