Haz notado que cómo te sientes afecta en -qué y cómo- comes?

y al revés, -qué y cómo- comes afecta cómo te sientes?

Sí, es un círculo virtuoso.

Si quieres mejorar tu salud, manejar tus niveles de azúcar o mejorar tu peso corporal, existe una conversación muy importante que se debe tomar en cuenta en tu avance, y que suelo plantear a mis pacientes, y es la importancia de notar cómo estamos manejando nuestras emociones, y cómo en general, tenemos poco conocimiento sobre cómo lidiar con ellas y cómo esto se relaciona fuertemente con nuestra alimentación.

Usualmente, tenemos 3 formas de manejar nuestras emociones:

  1. Buscamos alejarnos de ellas ignorándolas
  2. Las ocultamos o enterramos (que ya ni si quiera percibimos algún registro de ellas)
  3. Nos desbordan y descontrolan

Nos desconectamos de nuestras emociones, de lo que sentimos, porque no hemos aprendido a hacernos cargo de una forma más saludable. Y al desconectarnos de lo que sentimos, nos desconectamos de nuestro cuerpo. Porque evidentemente, no puedes conectar con tu cuerpo sin sentirlo, está enlazado, es un todo integrado. Y es así, como nuestras emociones, terminan afectando también nuestras decisiones de alimentación.

La alimentación emocional considera:

-Usar la comida para un propósito distinto de nutrirse

-Ignorar las señales de hambre o bien, que exista una desconexión entre cuánta hambre tienes y cuánto estás comiendo.

-Utilizar la alimentación como un mecanismo para lidiar con las emociones

-Atrae sentimientos de culpa, vergüenza o impotencia

-Una repentina o urgente necesidad de sentir satisfacción – una sensación que se mantiene, incluso con el estómago lleno.

Para comenzar a trabajar, o tomar consciencia de esto, se puede comenzar a profundizar a través de 2 grandes preguntas:

¿Porqué? y ¿Cómo?

Por ejemplo:

-¿Por qué crees que comes chocolate/helado/galletas cuando estás triste?

-¿Por qué te saltas el desayuno/almuerzo/cena aunque tengas hambre?

-¿Por qué aceptas ese pedazo de torta que te ofrece un familiar, cuando en realidad no quieres comerlo?

-¿Cómo te sientes después de comer?

-¿Cómo te sientes después de comer ese snack por el que fuiste a media jornada?

-¿Cómo defines “comer sin control”?

Parecen unas simples preguntas, pero para quién esta lidiando con una alimentación emocional, no lo son. Usualmente, cuando más las necesitas, las ignoras, prefieres responder otras preguntas. Hay que ser valientes para enfrentarlas y responderlas, requiere de una inversión de energía y coraje, pues estas preguntas te abrirán un campo de conocimiento que se ha mantenido oculto por ti, pero son preguntas que te ayudarán a conocerte mejor, para indagar cuál es tu relación con la comida y si esta relación es una relación saludable que debes mantener y cuidar o es una relación que debe comenzar hoy (no mañana) a mejorar.

¿Te animas a profundizar en esta relación?

Un gran abrazo.

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